
¿A qué propuesta respondería “Sí” sin pensárselo dos veces?
- A volver a la inocencia. Antes del primer error.
CHANTAL MAILLARD
Pasaron años
y huellas se adentraron en la arena
desde el primer error.
Me enamoré del equivocarse,
del preámbulo del darse cuenta.
¿Acaso no debí subir las escaleras del patio a trompicones
ni hacer equilibrios en una bicicleta del sur?
¿No debí permitir que se besaran
nuestras bocas de cinco años
durante un largo minuto y medio
cronometrado por los chicos de la escuela?
¿No debí guardar secretos?
Me equivoqué, me equivoqué,
y en el suelo me di de bruces
contra el beso inoportuno.
Desde entonces el error
posee para mí el sabor y la consistencia
de la espuma oxidada y suave
que mezcla la sangre y la saliva.
Vinieron muchos después, pero
¿cuál será el siguiente, el golpe?
¿será la salvación, el definitivo,
el porvenir del error?
¿Equivocarse es acercar lo que se es,
tal vez alejar lo que se ama?
Escribo y me confundo.
Permanezco en el lugar desacertado.
Me equivoqué, me equivoqué,
invoco las proporciones de la herida,
escupo las variantes del desliz.
Me equivoqué, me equivoqué,
el error y su hueso intransferible
me mira ahora también enamorado.
Rozo con la boca la daga imprescindible
del primer error, su beso frío,
su dolor premeditado y sucio,
su aprendizaje, su matemática irreal.
¿Me equivoqué? ¿Me equivoqué?
En todo error hay una vida inevitable.


